domingo

Elsa Cross







       Os prometo que no es aposta. Sencillamente me siento enredado, insomne y febril, en la experiencia poética de la mujer. Estoy absorto o fascinado; perdonadme: soy un ovillo que trata de comprenderse.
       Entiendo que una madeja no se devana de cualquier manera, sino que ella elige -por sí misma- la forma precisa en que va a desovillarse. Discurrirá como un río que naciera del mar y vaya buscando su origen en algún paraje incógnito, a la manera en que lo hacen las truchas o los salmones, persiguiendo un interrogante. La hebra es un sendero que va peinando todos los caminos posibles, desnudándose con lentitud hacia su núcleo para, al cabo, quedarse sólo como el gesto y el amén. Veréis: Elsa Cross deviene de un leve roce anterior, un filamento de Coral Bracho. Como ella, también es mexicana y poeta, y estuario de aguas claras y profundas, y escala luminosa del nictonauta. Como ella, ha dejado en mi cuerpo un tejido de estrellas. No sé cómo, pero este mar de espejos palabras ha adquirido el interior de un ser vivo.
       A los griegos les gustaba la madeja como una imagen concreta del destino: la azarosa apariencia de travesías que conducen de la pregunta a la respuesta, de la vida a la muerte o de la siembra a la cosecha. Ése es el hilo en el que vamos siendo derrotados por nuestras elecciones... Porque todo lo que es, es, definitivamente. Esta entrada del blog está dedicada doña Elsa, pero quisiera dedicarla también a Medea y a Ariadna, que lo apostó todo. Y a Parménides porque, en realidad, nunca nos avisó de ésto.




Noche

             Siento que en vano he conocido aquello que te nombra, que no tendrá un cauce mi dolor acumulado. Te amo como al esplendor de cada día, y he visto desgarrarse la quietud que anticipa tu presencia.

             Sólo existirán seres mutilados y lacios, máscaras de torpes gesticulaciones, de muecas sin sentido. Nada tendré fuera de ti.

             Poseo tus palabras, todas las formas de mi ser habitas. Descubro tu rostro imprevisto en torno a cada instante de tu beso, en la tibia avidez de tu caricia. Tu beso contiene la noche.

             Pero vuelve un vasto caer de silencios, y temo el dilatarse de una soledad desconocida; temo despertar triste a tu lado; temo la imagen de otra plenitud imperturbable.

(1999)



Voz

Tu voz contra el atardecer.
El viento empuja
                             sobre el cristal
las ramas de los altos encinos.

Tu voz llena el espacio.
Y no hay instrumentos
                             para tu canto.
Tu voz dibuja signos en el viento

La noche 
va bordeando en silencio
                            ese núcleo
donde la luz se detiene todavía
mientras tu voz,
                           tu voz sola
borra el instante.

                                                         (2003)






Viene tu brisa cubriendo el clima entero,
tus labios de fruta encienden
                            la boca del invierno.
Se abren floraciones en la piel,
                                       pistilos erizados-

Vuelta inesperada a tus manos
que rozan ya el vestido,
                    que se acercan al seno.

Trastornas lo que tocas,
vas vistiéndolo todo de verdura,
vas dejando en manchas coloridas
flores tantas
              que apenas se adivinan.

Y quién podría
       -aun sabiendo tu poder de muerte-,
quién podría fulminar
al deseo escondido
                       en cada hoja,
                       en cada colibrí?
Entra la estación florida -
con tu cumbia y tus cantos, -
tus tarareos ebrios
                     como el que espera
                                          a quien ha de matarle
                              y acecha en cada esquina
                                                   de lo oscuro
con tus ojos de tigre,
el salto alerta
                    como quien teme
                                           en cada doblez
                              la noche agazapada
con tus corrientes lúbricas,
tus colores eléctricos,
                    como quien busca
                                          algún auspicio
picadura de abeja,
zumbido azul
                              en la entraña de un pájaro,
un colmillo que muerde,
                   ¿por dónde llegará?
un veneno que cesa
sólo cuando ha invadido todo.

(de "El vino de las cosas", 2004)








9 comentarios:

  1. el ardor del amor se siente en cada verso.Voz, viento, luz...cierro los ojos,escucho y solo siento...

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  2. Es muy intensa su poesía, consigue hacer de los matices algo esencial, capaces de configurarlo todo de nuevo. Admiro esa sensibilidad. ¡Gracias por compartir!

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  3. Respuestas
    1. Y muy buena! Me alegro de que te guste! Besos!

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  4. Puff...creo que en éstos momentos no hay otra forma de expresar mi interior...he sentido escalofríos al leer y los he sentido míos. Gracias por compartir éstas bellas cosas con todos. :))

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  5. Mi descubrimiento a ese pedazo de presentación a una poeta que me alegro de conocer a través de ti (la segunda a tener muy en cuenta que me presentas en poco tiempo)

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    1. Me honra con su visita, Nictomenes, y con sus palabras, por supuesto. Soy yo el siempre agradecido a su magisterio. Quedamos pronto, ¿eh? Abrazos

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