Todavía es invierno, aunque inusualmente este año el Sol ha perforado los días como un cigarrillo rejonea una servilleta. La larga manta de frío glacial extendida entre diciembre y febrero tiene agujeros por los que se cuela, asombroso, un calor -y yo sigo sin pensar...-. Pronto abrirán sus alas las flores de la primavera -...en otra cosa que en un redondo ataúd...-, batirán sus pétalos los insectos recolectores -...derivando en el espacio, con nosotros ahí,...-, los pájaros, los árboles, el atardecer -...en escaso contacto con el suelo-. Sembrará la mañana un rocío severo con la primera luz y las calles sacudirán el lomo dormido. Será como ver a un millar de palomas alzar el vuelo y volverse blancas, o casi. Habrá prodigios, siempre los hay, migraciones: vendrán de algún lugar las golondrinas con sus nidos; se renovará la llanura prometiendo amapolas; y recordaremos hablar de lo desconocido, o del amor. Porque todo es un ciclo, incluidos nosotros. Desde el gigantesco redondel sin trabas que dibujamos en el universo (o vaya usted a saber), al fluir de una respiración; el grafismo de la "α" griega que lo inicia todo y desciende de alguna parte para enlazarse con el porvenir... El ruido de la sangre circulándonos atrapada, de su rojo aloque al corinto oscuro, de intensa afonía también cíclica, que se alimentó de la mirada de nuestros padres y nos brotará de los ojos para alumbrar a nuestros hijos. Todo éso lo sé. Sin embargo, esta noche que todavía no llega y ya me está abrazando, la vieja extraña que nunca percibí de niño, tiene una última costumbre que me inquieta: le gusta luchar, y olvido en la pelea que voy naufragando cada jornada con una armadía minúscula, de ignorancias cosidas en vez de maderos.
El tercio que acometeré esta noche sólo ella lo sabe. Quizás me indulte si demuestro bravura, nervio, nobleza... si voy resuelto, celoso y fiero. Si soy lo bastante sincero. Es cierto que siempre llego ardiendo, colmado, pujante. Quizás por ello mide mis fuerzas directamente, aplaude mi desafío y lo aguanta. Pero es lo que quiere mi linaje cunero: arremeter sin pausa, engallarme antes de la embestida, resistir los castigos y, sin perder el sentido, encarar la noche en el coso y apostar por mí, una vez más, enamorado de la suerte de la vida. Al terminar esta lidia febril tendré dibujadas constelaciones secretas en mi cuerpo, cicatrices de la verdad y, tal vez, sanaré de las luminosas heridas que hablan de mi propósito más serio: o libre de toda libertad, o muerto. A su amor se lo disputo.
Constelación secreta de Hevelius: la Nave de Argos.
León Gieco interpreta a Aute, de paso.
Sólo somos un punto de luz que está de paso...
ResponderEliminarTe respondo con otra canción de mi bienamado Drexler. Una canción que seguro que conoces...
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=hZzsQd5ux08
Gracias, muuuuuuuchas gracias!
ResponderEliminarDe vez en cuando necesitamos una collejica!